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viernes, mayo 25, 2007

13) Famosos y la intimidad

Vicente Herrera Márquez

¿Qué los famosos no pueden tener vida privada y ni siquiera espacios privados?
¿Qué los famosos son personas públicas y no pueden vivir su intimidad?
¿Qué los famosos deben ser personas que tienen que ser superhumanos y otras veces sobrehumanos y estar más allá de las reglas que rigen a lo humano?
¿Quién lo dijo? ¿Quién estableció esas normas? ¿Quién de los que no son famosos?
¿Hasta donde puede llegar el morbo del mismo ser humano?
¿Hasta donde llega la ambición del dinero y del poder de la noticia en nuestros días?
Todo esto lo pregunto a raíz del caso Boloco o Bolocazzo como le llama los responsables de la prensa que vive de entrometerse en el patio y en la cama de las personas que en la vida logran alcanzar uno o dos peldaños mas que ellos y que nunca lo van a lograr con lo que hacen.
Pregunto si esa persona camuflada en la distancia y que aprovechándose de adelantos modernos y que estira sus ojos hasta la intimidad ajena para alimentar el morbo propio del ser humano, es decir de todos nosotros, del cual no me excluyo, insignificantes voyeristas reclinados en la intimidad de nuestro living o nuestro dormitorio, sería capaz de mostrar su propia intimidad por si solo o permitiría que un colega de él, lo haga aunque sea para obtener el pan para sus hijos?
Pienso que aquel que hace ese trabajo sucio, el que paga para que lo haga y el que difunde aquello con intereses mezquinos, todos, son consumidores y a la vez traficantes vendedores de droga disfrazada de información para alimentar la miseria humana y engrosar fácilmente los propios bolsillos y son ellos los que por otro lado combaten el alcohol y la marihuana, tratando con ello de esconder sus propias bajezas y debilidades.
Yo con todo lo que digo no quiero presentarme como rey del cartuchismo y apóstol de la información blanca y sin mácula que podría pretender el conservantismo exagerado.
También veo la pantalla y leo la prensa y no cambio canal o me salto las páginas que muestran el fisgoneo gráfico del fotógrafo o la prosa destructora del seudo acucioso periodista.
En este caso en particular sin quererlo de esa forma, observo ese cuerpo que siempre he admirado y he deseado ver en todo su esplendor, pero en mi interior he deseado verlo y quizás más, solo que en intimidad, solamente ella y yo y sin cuervos intrusos y devoradores.
No señores fotógrafos camuflados en la distancia, no señores opinólogos o periodistas carroñeros, mejor vendan su intimidades, es posible que alguien se las compre.
Yo también tengo mis intimidades, pero son mías, no las vendo y no quiero que el vecino se empine en la cerca para deleitarse con lo que el no se atreve a hacer o lo hace pero nunca lo mostraría.
Cecilia, se que de nada sirve, pero estoy contigo.

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